Es sabido que el sistema inmunológico, (la compleja red de órganos, tejidos, células y sustancias que protege al organismo de agentes nocivos externos), resulta afectado por el frío. Esa es una de las razones por las cuales en invierno abundan estas enfermedades.
Sin embargo, se habla mucho menos de los efectos que sobre el sistema inmune tienen los calores intensos del verano. Efectos que si bien todavía no están del todo claros, algunas investigaciones de los últimos años han echado algo de luz.
El calor y el sistema inmune
Aunque solemos enfermarnos más en invierno, el calor del verano también impacta en nuestro sistema inmune. Los virus y bacterias, más activos en el frío, encuentran en las bajas temperaturas un ambiente propicio. Sin embargo, estudios recientes sugieren que el calor intenso puede debilitar nuestras defensas.
Un sistema inmune menos eficaz a causa del calor
Investigaciones, como una realizada por la Universidad de Tokio, muestran que altas temperaturas pueden reducir la eficacia del sistema inmune. En un experimento con ratones, aquellos expuestos a un calor intenso mostraron una respuesta inmunitaria disminuida. Este efecto podría estar relacionado con la pérdida de peso y la carencia de nutrientes más que con un impacto directo del calor.
Dormir mal y poco sol, sistema inmune más débil
El calor afecta el sueño, reduciendo la producción de citocinas necesarias para combatir infecciones. Los profesionales de la Clínica Mayo, con sede en Estados Unidos, explican que un sueño reducido o de mala calidad, aumenta las probabilidades de enfermar tras estar expuesto a un virus. Y también puede afectar la velocidad de recuperación después de haberse enfermado.
Además, aunque el verano trae más sol, muchas personas tienen déficit de vitamina D, crucial para la función inmunitaria. Es aconsejable exponerse al sol moderadamente para fortalecer las defensas.
El aire acondicionado y sus riesgos
El uso incorrecto del aire acondicionado, como exponerse directamente al aire frío o sufrir cambios bruscos de temperatura, puede debilitar nuestras defensas, similar a lo que ocurre en invierno.
El frío tiene un impacto sobre las defensas del organismo y su capacidad para combatir las enfermedades. En concreto, virus como los del resfriado común se propagan con mayor facilidad por el cuerpo cuando la temperatura en la cavidad nasal es inferior a la de los pulmones (es decir, unos 36,5ºC, la temperatura corporal normal).
Otros factores que aparecen durante el verano
El verano incrementa el riesgo de infecciones gastrointestinales debido a la proliferación de bacterias y parásitos. Además, los viajes y desplazamientos exponen a las personas a nuevos microorganismos.
Por todo esto, es conveniente mantener algunos hábitos y cuidados saludables también en verano, sobre todo en lo relacionado con la higiene y la alimentación. De esa manera, se podrán evitar muchos problemas y contratiempos.
Fuente: eldiario.es

